jueves, 22 de enero de 2009

El Nilo Medio

































El Nilo en Aswan

La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
Proverbio persa.









Para lograr todo el valor de una alegría has de tener con quien repetirla.
Mark Twain.









La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza.
Albert Einstein.
































miércoles, 14 de enero de 2009

Un día de pesca en alta mar





Un día de pesca sin pescar nada, si acaso un mareo por el movimiento del barco con las olas y el olor de gasóleo, sin embargo el pasar la tarde con mi hijo en el mar me dejó un momento imborrable en la memoria, porque la ilusión y la esperanza de que todo iba a ir a mejor estaba ya en sus ojos.





Paseando por la playa una tarde vimos un pez espada recién pescado y Miguel al que siempre le ha gustado la pesca me dijo que quería embarcar al día siguiente a intentar atrapar un pez tan enorme como aquel, y allí nos fuimos...








Toda la tarde navegando, pero no pescamos nada; en fin, unas veces se gana y se consigue lo previsto, las menos; otras sencillamente ganamos otras cosas distintas, por ejemplo: conocemos gentes nuevas, nos tomamos unas cervezas y los pasamos bien :)




Nos despedimos hasta otra.



Y una idea si nos quedó prendida, hemos de volver, si, hemos de volver a la República Dominicana y lo volveremos a intentar...

Republica Dominicana III (Punta Cana)

El hotel diseñado para el descanso y el relax era el típico hotel para turistas que buscan descargar la tensión de la vida estresante y aburrida.




Los primeros días los dedicamos a no hacer nada, beber algo de ron, leer un buen libro, dar pequeños paseos y a descansar, descansar, descansar...






Es una alegría para vista, y más aún para los aficionados a la fotografía, una naturaleza de vegetación abundante y fauna que ya casi ni se inmutan ante la presencia de las personas y que permite que te quedes disfrutando de su presencia.







vista desde la ventana de mi habitación, quietud, tranquilidad, sosiego, paz...





Y el mar, siempre el mar, bajo las palmeras escuchando el rumor de la olas y un vaso de ron en la mano con el que alegrar el esiritu.




Viaje que hemos de repetir algún día, porque el que viaja a la República Dominicana con el corazón abierto y la mente libre se queda prendido de esa tierra y de sus gentes y solo piensa que algún día ha de volver.




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Republica Dominicana I I (Punta Cana)

Cada mañana llovía una media hora antes de salir el sol, cada mañana el sol empujaba con fuerza y las plantas y flores le rendían culto con esplendor sin igual, rozaban la perfección visual aún empapadas por las finas gotas de lluvia.



Cualquier tipo de flor o planta crece con brío, algunas eran exóticas y desconocidas, otras aunque conocidas sorprenden por su esplendor y vitalidad; todas te alegran la vista y el espíritu.
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Es todo un país privilegiado, hermoso, exótico...








Algunas veces, se cerraba el cielo y poco a poco la oscuridad iba tomando forma en oscuras nubes preñadas de agua que luego descargaban la lluvia.





Al final siempre sale el sol y ahí teníamos todo para disfrutar del mar y del viento.




Y las gentes, las buenas gentes, que para el viajero son lo mejor, si la República Dominicana es un extraordinario destino por ser una isla preciosa, un paraíso natural, sus gentes son aún un mayor tesoro, de un carácter amable y paciente hasta decir basta, su simpatía y buen humor es contagioso y todo un premio para el viajero.









Y siempre de la portentosa naturaleza, y la luz, esa luz que pide a gritos pasar a los recuerdos del viajero impresa en la memoria, entonces con la cámara de fotos le atrapamos para siempre.