miércoles, 14 de enero de 2009

Un día de pesca en alta mar





Un día de pesca sin pescar nada, si acaso un mareo por el movimiento del barco con las olas y el olor de gasóleo, sin embargo el pasar la tarde con mi hijo en el mar me dejó un momento imborrable en la memoria, porque la ilusión y la esperanza de que todo iba a ir a mejor estaba ya en sus ojos.





Paseando por la playa una tarde vimos un pez espada recién pescado y Miguel al que siempre le ha gustado la pesca me dijo que quería embarcar al día siguiente a intentar atrapar un pez tan enorme como aquel, y allí nos fuimos...








Toda la tarde navegando, pero no pescamos nada; en fin, unas veces se gana y se consigue lo previsto, las menos; otras sencillamente ganamos otras cosas distintas, por ejemplo: conocemos gentes nuevas, nos tomamos unas cervezas y los pasamos bien :)




Nos despedimos hasta otra.



Y una idea si nos quedó prendida, hemos de volver, si, hemos de volver a la República Dominicana y lo volveremos a intentar...

Republica Dominicana III (Punta Cana)

El hotel diseñado para el descanso y el relax era el típico hotel para turistas que buscan descargar la tensión de la vida estresante y aburrida.




Los primeros días los dedicamos a no hacer nada, beber algo de ron, leer un buen libro, dar pequeños paseos y a descansar, descansar, descansar...






Es una alegría para vista, y más aún para los aficionados a la fotografía, una naturaleza de vegetación abundante y fauna que ya casi ni se inmutan ante la presencia de las personas y que permite que te quedes disfrutando de su presencia.







vista desde la ventana de mi habitación, quietud, tranquilidad, sosiego, paz...





Y el mar, siempre el mar, bajo las palmeras escuchando el rumor de la olas y un vaso de ron en la mano con el que alegrar el esiritu.




Viaje que hemos de repetir algún día, porque el que viaja a la República Dominicana con el corazón abierto y la mente libre se queda prendido de esa tierra y de sus gentes y solo piensa que algún día ha de volver.




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Republica Dominicana I I (Punta Cana)

Cada mañana llovía una media hora antes de salir el sol, cada mañana el sol empujaba con fuerza y las plantas y flores le rendían culto con esplendor sin igual, rozaban la perfección visual aún empapadas por las finas gotas de lluvia.



Cualquier tipo de flor o planta crece con brío, algunas eran exóticas y desconocidas, otras aunque conocidas sorprenden por su esplendor y vitalidad; todas te alegran la vista y el espíritu.
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Es todo un país privilegiado, hermoso, exótico...








Algunas veces, se cerraba el cielo y poco a poco la oscuridad iba tomando forma en oscuras nubes preñadas de agua que luego descargaban la lluvia.





Al final siempre sale el sol y ahí teníamos todo para disfrutar del mar y del viento.




Y las gentes, las buenas gentes, que para el viajero son lo mejor, si la República Dominicana es un extraordinario destino por ser una isla preciosa, un paraíso natural, sus gentes son aún un mayor tesoro, de un carácter amable y paciente hasta decir basta, su simpatía y buen humor es contagioso y todo un premio para el viajero.









Y siempre de la portentosa naturaleza, y la luz, esa luz que pide a gritos pasar a los recuerdos del viajero impresa en la memoria, entonces con la cámara de fotos le atrapamos para siempre.









República Dominicana I (Punta Cana)


 

El viajero aprende con el tiempo y la experiencias, a veces las lecciones nos vienen del cielo. Pensaba que hay lugares que son poco interesantes y que de hecho había relegado en la lista de prioridades para visitar y conocer... entre ellos: todos los focos de turismos de playa y sol; por ejemplo: el Caribe y La República Dominicana. Sin embargo el destino algunas veces nos depara sorpresas y nos muestra que el hombre hace planes pero que son los dioses dueños del tiempo los que disponen lo ha que ha de ocurrir. Esta es la historia de como el destino quiso que acabara en una playa turística -Punta Cana- y de como un viaje que presumía aburrido se convirtió en una gran experiencia y un gran viaje.







Mi hijo pequeño, mi querido hijo del alma había tenido un grave accidente de moto, rota la cadera en siete pedazos, las piernas y el alma hecha jirones llevaba tiempo postrado en la cama y en la silla de ruedas que uno empujaba con toda la tristeza del mundo, con todo el dolor e impotencia que solo un padre puede sentir cuando ve el sufrimiento de su propia carne.




Los periodos de recuperación se estaban alargando mucho y no se cumplían los planes previstos por los doctores, apenas era capaz de levantar de la silla y era incapaz de caminar con las muletas, el carácter se estaba agriando y el mal humor le hacía la vida aún más dura, entonces le dije en broma: "por qué no nos vamos tu y yo de vacaciones al Caribe y nos pasamos unos días al sol bebiendo ron, paseando bajo las palmeras y bailando con hermosas mulatas" ipsofacto le cambió el humor y nos pusimos a planear el viaje juntos y no sin dificultades conseguimos al final el viaje a la República Dominicana. Preparamos la silla de ruedas para llevar, pero entonces mi hijo dijo que no quería que nadie le viera en la silla allí y que solo llevaríamos las muletas con las que apenas era capaz de dar unos pasos. Me hice entonces a la idea de que apenas no moveríamos del la habitación y que estaríamsoo anclado al recinto del hotel, nada más lejos de la realidad...







Al principio así fue, solo podía estar en el agua o sentado en la hamaca, pero sacó fuerzas y luchó como un titan; avanzamos tanto que ante mi sorpresa enseguida comenzó a caminar con las muletas, no sin enormes dificultades, pero solo era el comienzo
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Y poco apoco, paso a paso...





bajo las palmeras que no protegían del sol del Caribe, bebimos ron e iniciamos un gran viaje



del que guardo en mi corazón los mejores recuerdos...



Entonces aprendí una gran lección, que no hay lugar en el mundo en el que viajero no pueda encontrar su verdadero camino y la paz, que no hay lugar en el mundo más importante e interesante que aquel en el que uno se quita el sombrero y lo deja descansar junto a las personas que más quiere.




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